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Serigrafía artística

Dentro de este proyecto que enmarca desde las camisetas hasta la novela gráfica, hemos decidido aventurarnos en algo nuevo como es la serigrafía artística. El método es muy similar al de las camisetas con algunas diferencias como la cantidad de ejemplares que se limita a un número por tirada y la realización, que se aproxima a los seguramente más conocidos procesos como la litografía o el grabado.
Más adelante iremos presentando los dibujos que hemos decidido plasmar en papel, pero antes de nada, hablaremos sobre el proceso de estampación desde sus inicios.

¿ Que es una Serigrafía ?

La serigrafía es una técnica artesanal de reproducción. El origen de la palabra proviene en un 50% del latín ( sericum = seda ) y el otro 50% del griego ( graphé = dibujar, escribir, describir ).
En ingles seria Silkscreen (pantalla de seda), en alemán Siebdruck (impresión de colador o tamiz) y en francés Serigraphie.
Si es cierto que en las lenguas anglosajonas (alemán e inglés), cuando hablamos de la serigrafía artística los ingleses usan la palabra serigrafía y los alemanes Serigrafie o Kunstgrafik (grafismo artístico).
Esta diferencia se debe a que la serigrafía tiene usos tanto industriales como artísticos. Ellos lo diferencian con nombres distintos, no como nosotros que usamos la misma palabra aunque añadimos el adjetivo correspondiente cuando nos referimos a un uso u otro.

Su origen, dependiendo de la fuente, varía.

Algunos sitúan el inicio de esta técnica miles de años antes del nacimiento de Jesucristo, otros alrededor del año 1600 y la mayoría a principios del siglo pasado.

Los primeros dicen que el estarcido es el precursor de esta técnica porque el fundamento, el de dejar pasar la tinta a través de una plantilla de partes vaciadas, que colocada sobre una superficie permitía la impresión de imágenes, dibujos, elementos decorativos, etc, etc,..., es la base del sistema serigráfico . Muestras de estarcido se han encontrado en China, Japón o las Islas Fidji. En este último lugar estampaban sus prendas con hojas de plátano que antes habían recortado con las formas que querían que aparecieran estampadas. Usaban pinturas vegetales que coloreaban las zonas previamente recortadas. También en Egipto se han encontrado vestigios de este sistema de impresión para la decoración de los templos, pirámides y cerámicas. Posteriormente los griegos se ha demostrado que también lo usaron.

Los que sitúan su invención alrededor del 1600 se basan en la llegada de muestras de arte japones no realizadas mediante el sistema de estarcido sino con plantillas sobre cabellos humanos tensados y sujetos a un marco.

Pero otros dicen que fue a principios del siglo pasado, concretamente en Francia, para la estampación de tejidos ( estampación a la Lyonesa ) , donde surge realmente esta técnica: usaban plantillas de papel engomado espolvoreadas con agua que posteriormente eran pegadas sobre un tejido de algodón. El resultado era cosido a una lona tensándola sobre un marco de madera y sujeto a él mediante un sistema de grapas o de cordones. Sobre esto se esparcía la tinta, que era arrastrada con un cepillo de goma o caucho, por encima de la lona preparada y la tinta que pasaba a través de la plantilla dibujada imprimía la imagen deseada sobre el soporte elegido.

Independientemente de esta discusión lo que debe quedar claro es que la serigrafía ha evolucionado de tal manera que su uso ya no solo es de simple reproducción de imágenes sino que llega incluso a la fabricación de componentes electrnicos y de computación ( para los interesados en la ampliación de la informacion existen numerosos artículos en la red a los que pueden recurrir) .

Pero como en mi página esto no tiene cabida, me limito a añadir que el sistema actual de impresión usando una pantalla de seda fue inventado y patentado por el inglés Samuel Simon en 1907 y a partir de ahí ya podemos hablar de una calidad de impresión que comenzó adquiriendo su popularidad con la cartelería de propaganda de guerra y posteriormente atrajo a los artistas y sobre todo los de los años 60 en concreto el movimiento pop art aportando el valor artístico actual elevando las obras serigrafiadas al nivel de obra de arte.

Serigrafía ¿obra de arte?

Como siempre, no es oro todo lo que reluce. Creo que esta frase ya la he usado en alguna otra parte pero he de repetirla y es que nos podemos encontrar con serigrafias que se comercializan como tales pero no cumplen los requisitos mínimos para ofrecerse al precio al que las encontramos.

Reglas indispensables para considerar una serigrafía como 'artística'.

El principio básico de cualquier objeto que adquieras por un valor mayor que un póster de unos grandes almacenes es la calidad, el primer requisito de una buena serigrafía es el soporte; no vale cualquier papel, por tanto, si ofrecen una obra que tenga un peso inferior a 200grs. es preferible rechazarla. El motivo de la necesidad de un gramaje mínimo es que la cantidad de tinta que tiene que soportar y el paso del tiempo (pues queremos que , como obra de arte, perdure lo máximo y en el tiempo en el mejor estado posible) implican un papel fuerte. Por otro lado, un exceso en el gramaje no es sinónimo de mejor calidad de impresión, sino que puede suceder que la tinta se expanda y diluya en tanta celulosa, de manera que, el color original no aparece como el autor lo creó. Además se da la posibilidad de que se invierta la intención usando un papel tan pesado y es que habrá que disponer de mayor cantidad de tinta y entonces ocurre lo mismo que con los papeles de gramaje inferior: la proporción papel/tinta coincide en ambos casos y si en el primero el papel podría cuartearse, en el segundo la precisión del color se ve alterada.
Si el papel exhibe la marca de agua del fabricante tenemos un valor añadido a nuestro ejemplar.

Un buen taller de serigrafía artística. El mejor serigrafista artístico suele ser además de especialista en esta técnica, artista, pues no sólo debe manejar la máquina correspondiente sino que tendrá que interpretar la obra que se le presenta. A este respecto no podemos hacer una comprobación adecuada a menos que seamos expertos en la materia. Sin embargo existen dos aspectos fácilmente comprobables para quien desee comprar una serigrafía. Toda serigrafía artística hecha en un taller especalizado debe ir acompañada de un documento certificado en el que se detallen tirada de ejemplares, nombre de artista y técnico serigráfico o taller junto con una declaración de haber hecho el número de ejemplares que certifica y el posterior borrado de pantallas, impidiendo así un tirada mayor de la que aparece en el anverso de cada obra.
Otra muestra de calidad de un buen taller, aunque actualmente en desuso, es el marcaje en bajorrelieve del mismo. Una obra serigráfica realizada por un taller o un técnico de renombre aumenta considerablemente su valor.
Toda obra serigráfica debe ir, en primer lugar, firmada a lápiz y a mano por el autor; el valor de la obra aumenta si la tirada es limitada y cuanto menor sea esa tirada mayor es su valor. En segundo lugar, debe ir numerada (en el caso de ser tirada limitada). Los ejemplares primero y último de la tirada suelen extrañamente ser más valorados siendo además los más diferentes entre sí.

Obra original-tiradas

Tras esta breve explicación sobre cuestiones que no afectan directamente a la obra, nos quedan dos últimas consideraciones: la cantidad de colores y el motivo representado.
En relación a la cantidad de colores no se trata sólo de una percepción visual sino que la riqueza de una obra serigráfica queda reflejada en la cantidad de pasadas de color. Con ello no se menosprecia, en absoluto, aquellas obras que tengan pocos colores con respecto a otras que tengan muchos, pues también aquí interviene el gusto de cada uno. Bien es cierto que hay artistas que utilizando un número muy reducido de colores consiguen unos efectos que otros con una veintena no logran. De manera más objetiva, podemos decir que el valor y el precio de una obra con un alto número de colores supone mayor trabajo (exige más precisión cuantas más pasadas requiera la obra, pues los colores deben ajustarse sin que queder ni un milímetro sin pintura) que implica un elevado coste de realización. La simple desviación milimétrica de una de las planchas puede suponer una devaluación en la obra, de ahí la importancia de la elección de un buen taller.

En cuanto al motivo elegido.......allá cada cual con sus gustos.